El encanto

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Los narcopisos en Los Nietos son un tema recurrente y creciente. Dentro de nada generará indiferencia por reiteración sin solución, que es lo que se busca con tal de acallar pensamientos no inducidos.

Su lectura es la crónica de la destrucción anunciada y aceptada. Nuestra evolución marmenorense nos lleva a cada vez parecernos más a las grandes ciudades o centros de turismo de pedigrí, de lo que avanzamos.

Resulta que al lado de la magnífica Playa Paraíso y a escasos kilómetros del proyecto La Perla y su hotelazo, o más allá la aparecida e incógnita Nueva Ribera, por hablar de los nuevos proyectos y/o realidades, se están formando las 3000 viviendas sevillanas, el Vallecas o San Blas madrileño o la calle Agustín Durá en Barcelona, por poner ejemplos a lo grande.

El ansia de hacer estupideces rara vez se apacigua. Está todo atomizado sin hilo conductor, siendo así fácil desnortar a las personas. Los vecinos y veraneantes de Los Nietos, aquel lugar donde pasé veranos de mi infancia en un pueblecito con encanto y vida, van camino de la aniquilación. Antaño, en ese lugar existían verbenas, existía una playa natural sin arena, comercios locales, vecinos en terrazas, artes de pesca, niños correteando, viviendas con personalidad, relaciones de comunidad, sonrisas, confianza, en definitiva, había vida de calidad y en crecimiento.

Hoy la gente se desvive por ir a lugares con encanto. Y el encanto no es en absoluto la bonita urbanización con piscina o el yate o el campo de golf. El encanto del lugar con encanto es su esencia sin alterar, la sorpresa de calles vivas descubrir aquello que te deja extasiado porque ha despertado en ti un vínculo, un recuerdo interior con raíz. Pero aquí, con el maldito complejo universal de estos lares, intentamos reconvertirnos en jet set a la que solo llegarán los tres o cuatro inductores. Y no vemos que el expolio de nuestro territorio es nuestra sentencia de muerte.

Vamos empujando una apisonadora como un niño o una niña malcriada, que va tomando lo que se le antoja y cuando se cansa porque destruye o se aburre se va a otro sitio, a lo mismo. Así se expande un virus de retroceso disfrazado de avance. Porque el encanto de los elegidos está en su proceso de abducción. Para cuando todo esté expoliado y se hayan destrozado los vínculos, ahí nos quedamos en nuestro sitio irreconocible, con un malestar impresionante y la etiqueta de tonto el último.

Las Administraciones deberían tener encanto porque visto lo visto en La Manga y el Mar Menor, lo tienen bajo mínimos.

Celia Martínez Mora
Investigadora del IMIDA, activista en grupo de coordinación de Pacto por el Mar Menor desde su fundación. Colaboradora de artículos de opinión. Adora las letras, el medio natural y las personas auténticas. Defensora de la igualdad de oportunidades y la biodiversidad, ama el pensamiento y el conocimiento.

3 Comentarios

  1. Me encanta como escribe Celia .Es una mujer estupenda q tuve la suerte de conocer cuando era niña y acudía al colegio de los belones.Su padre trabajo en el popular.Es una luchadora incansable en su vida personal y por el mar menor.

  2. Cuánta razón en esas palabras. He pasado mucho tiempo allí: veranos, fines de semana… Tengo un recuerdo en cada una de sus calles, de sus esquinas, y cada vez que visito Los Nietos viajo atrás en el tiempo negando la realidad. Es una pena, lo que fue y en qué se ha convertido.

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