Tiempo para vivir

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Satish Cumar, a quien he leído, predica que la simplicidad es un requisito para la felicidad, para el futuro inmediato del medio ambiente y para una sociedad mejor. Y que este mundo está lleno de personas con escasez de tiempo y pobreza espiritual, educadas para encontrar trabajo, pero no para saber vivir.

Pues viviendo una Jornada educativa organizada por FAPA Pinatar en el Hotel Thalasia aprendí que emplear bien el tiempo es saber vivir. Pero no como están pensando, utilizando esta expresión ligada a placeres que nos venden avispados comerciantes de sueños. No, nada que ver.

Esta jornada tuvo una gran carga de inteligencia emocional para educadores y familias. Descubrimos cosas. Para mí fue revelador conocer el valor que dan los niños al tiempo compartido, y con quién. En un vídeo en el que preguntaban a los adultos con quién les gustaría ir a cenar de poder escoger, sus respuestas eran invariablemente personajes famosos de diferentes campos.

Por contraste, los pequeños consultados contestaban sin dudar con sonrisas luminosas: con mi familia, con mis padres. Todos y todas. Los adultos nos quedamos con el corazón encogido y una considerable carga de culpa. Impresionante lección con los papeles invertidos.

“No es lo mismo limitar que poner límites”. He aquí otro asunto tratado, el de los límites, que se ha entendido mal. Añadamos que la libertad no sabe gestionarse. Mientras se pide, se piensa en grande, justifica fracasos o cobardías, pero cuando se tiene, se torna egoísta y daña a los demás en un mundo de usar y tirar personas.

Para entonces yo me preguntaba ¿en qué momento nos desnaturalizamos y desconectamos de nuestra esencia para formar parte de un universo comercial tipo First Dates, Tinder o un espectáculo aberrante como GH Dúo? Y en estas, vienen y sueltan la importancia de gestionar el fracaso para poder progresar. Apaga y vámonos: Fracaso sin gestión alguna es una sociedad adultescente como la actual. Y bien gordo.

Después de exponer mi experiencia personal y conectar, sentí a pocos metros el atardecer en la Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar. Fui a despedir el día y dar la bienvenida a la noche entre salicornias y pinos mientras las bandadas surcaban el cielo en busca del nido. El color rojo lo encendía todo. Las charcas salinas formaban un paisaje de cuento, en uno de los escasos espacios naturales en el Mar Menor que aún nos quedan para aprender vivir. Tiempo para entender, para jugar, para querer, tiempo para aprender, para pensar, para saber.

Celia Martínez Mora
Investigadora del IMIDA, activista en grupo de coordinación de Pacto por el Mar Menor desde su fundación. Colaboradora de artículos de opinión. Adora las letras, el medio natural y las personas auténticas. Defensora de la igualdad de oportunidades y la biodiversidad, ama el pensamiento y el conocimiento.

2 Comentarios

  1. Buenas tardes Celia, ante todo decir que el texto invita a la introspección donde cabe preguntarse hasta qué punto nos encontramos desnaturalizados o fuera de esa sencillez difícil de alcanzar en esta sociedad de hoy en día, que paradójicamente nos pone muchas cosas más sencillas y al alcance de todos. Mi nombre es Fernando, sé que no es la mejor manera de entablar una conversación, pero he tratado de localizarla mediante la UPCT y no me ha sido posible. Me encuentro ante el reto de un TFG y querría consultarle ciertos asuntos sobre, ¡el Mar Menor! Si tienes tiempo, ¿podrías ponerte en contacto conmigo? Perdona que sea tan intrusivo. Muchas gracias, un saludo.

    • Hola Fernando. Lo difícil es eliminar el ruido, escucharse, pensar y actuar. Como seres autónomos e independientes. Estaré encantada de ayudarte en el TFG si está en mi mano. Contacto por correo. Gracias por tu comentario y por, simplemente, buscar esa sencillez verdadera.

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