Cinema Realidad

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Hace unos días, en La Manga, la artista Christina Stadlbauer y su proyecto Instituto para la recolocación de las especies en peligro de extinción dentro del marco del proyecto Reset Mar Menor, laboratorio de imaginarios para un paisaje en crisis, de la Universidad de Murcia, financiado por la Fundación Daniel y Nina Carasso nos invitaron a participar en una actividad de expresión artística. Una performance consistente en cine subacuático de aforo limitado para la proyección de un film sobre la importancia de las nacras. El escenario elegido, aproximadamente el kilómetro 10,50 de La Manga en el seno del Mar Menor, nos esperaba en calma una mañana de sábado en la que el sol de septiembre se asomaba entre las nubes y el Mediterráneo se agitaba furioso.

Furiosa, no es ese el adjetivo que emplearía para definir cómo me sentí. Triste sí, pero en ese caso, adjetivada insuficientemente. Desanimada nunca, si creo en la causa. Indignada, por descontado. Porque era tal el estado de turbidez que fue imposible apreciar la proyección, y no solo eso, sino detectar las nacras mediante observación haciendo snorkel. Con decir que las butacas-sillas eran de color verde en la orilla y dentro del mar tornaban blancas por el efecto óptico producido por color verdoso del agua. Aquello era asfixiante una vez superado el primer metro desde la orilla. Estos organismos filtradores merecen un premio a la supervivencia descarnada, brutal y continuada.

Por otra parte, es de agradecer formar parte de un proceso creativo con el que se pretende resaltar la importancia de nuestro ecosistema y las especies que alberga incluyendo también sus paisajes. Actividades culturales, educativas y arte, se confabulan para llevar la protección del Mar Menor a las personas. Y a fin de cuentas el objetivo del proyecto es generar ilusión, vínculo y compromiso mostrando el valor y la singularidad de este ecosistema.

Conocía a Clara Boj, directora del proyecto, y a Julio Daniel porque habían contado con Pacto por el Mar Menor para otras actividades del mismo. Lo primera que vi desde la carretera antes de estacionar que me provocó una sonrisa cómplice, fue la cabeza plateada de Isabel Rubio, cámara y equipo de observación en ristre, amén de su inmenso conocimiento del ecosistema que tanto ama. De copiloto me acompañaba mi hijo, quizá pensando que formaba parte de otra investigación materna imprevisible, y lo llevé porque el Mar Menor vivo es un legado que me gustaría dejar, como también su defensa y protección.

Mientras este tipo de actividades tienen lugar, la prensa recoge que en los despachos de la capital del Reino de España se hablaba de vertido cero e infraestructuras y se nombraban a nuevos responsables que deberán gestionar la crisis socioecológica del Mar Menor. A la plataforma Pacto por el Mar Menor nos llega incluso una respuesta en el nivel de la inopia de la mismísima Comisión Europea que tendrá segundas partes. Y así vamos caminando, con todo el mundo enterado de que continúan los vertidos ante la falta de medidas efectivas frente a impactos sobre un ecosistema que sigue enfermo, con la esperanza de que finalmente lo quieran entender.

El origen del desastre en paralelo con el final, pero como objetivo fundamental, sigue estando tan vacío de ideas eficaces como el maldito vacío que sentimos intentando ver entre la verde turbidez alguna nacra. Un ser vivo que quizá no tenga más generaciones tal está padeciendo y que posee una cualidad maravillosa de la que carecemos los humanos; su innata capacidad de limpieza.

3 Comentarios

  1. Estuve antes del desastre por la zona y en apariencia el agua estaba bastante bien. Me animé a bañarme en Santiago de la Ribera y pude comprobar que la turbidez seguía presente, las algas del fondo cubiertas de una fina capa de lodo y la visibilidad bastante reducida. Ni rastro de ese brillo de la infancia que tengo nítido en la memoria. Sin embargo hay algo que no deja de brillar a pesar de todo y soís todas las personas que, con vuestro tiempo y esfuerzo, no paraís de luchar por el Mar Menor.
    Un abrazo desde Extremadura.

    • Querido Jorge
      Gracias por tus palabras, de corazón. No sabes hasta qué punto ayudan y recargan. Es todo tan duro, denso, largo y las reacciones son tan inexistentes o enrevesadas que a veces, incluso los espíritus guerreros, nos agotamos. Gracias por formar parte de la esperanza, el esfuerzo personal y el amor por nuestro Mar Menor.
      Un gran abrazo desde su orilla.

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