Las doce horas más duras de Javier

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Javier Pérez Mayor disputando una prueba.
Javier Pérez Mayor disputando una prueba. / I. GARCÍA

Javier Pérez está deseando que llegue el domingo. Lleva cinco meses y muchas horas de entreno y sólo quiere hacer lo que más le divierte en la vida: competir. El reto no es pequeño porque no lo tendrá fácil y espera que la tensión y los nervios no le jueguen una mala pasada, pero lo va a dar todo. Este manguero será el único deportista local que participará en la Ocean Lava, el triatlón de larga distancia que se disputará en La Manga del Mar Menor este domingo y que comenzará al amanecer. Asegura que lo puede hacer en doce horas, toda una proeza deportiva que está al alcance de muy pocos. Conoce perfectamente el recorrido por el que entrena casi a diario, pero Diario de La Manga le acompaña días antes de la prueba para estudiarla más a fondo y conocer sus impresiones de cara a la afamada carrera.

Son casi las siete de la tarde y el redactor y Javier están frente al hotel Entremares. Javier llega con su uniforme diseñado por él mismo, con el que pretende competir. Llega de trabajar en la empresa de alquiler de coches que regenta y tiene ganas de correr. Poca gente y bastante sitio para aparcar, una situación que no sucederá el domingo. Javier mira hacia la carretera como si estuviera estudiando la salida, pero pronto se calma y advierte que hay que estar tranquilo, porque conoce el recorrido como la palma de su mano y días antes de la carrera no quiere forzar demasiado. Comienzan a correr por la acera y por el carril bici, aunque el domingo se hará por los carriles centrales de la Gran Vía.

Arrancan y pronto notan que la gente le apoya y le saluda. Pérez es muy conocido en la zona, y en apenas 500 metros desde un coche ya le mandan ánimos para la carrera del domingo. Sonríe y levanta el pulgar y habla sobre el apoyo que tendrá durante la prueba. “Claro que es una responsabilidad ya que corro en mi zona, el recorrido pasa casi por la puerta de mi casa y van a estar un montón de amigos para animarme. Espero hacerlo bien y lo voy a dar todo”, explica mientras van subiendo la velocidad. Con un ritmo superior a los cinco minutos por kilómetros se enfrentan a la cuesta de Monte Blanco, el único desnivel que los deportistas se puede encontrar, pero es muy leve. Siguen y en el Zoco, el dueño de la tienda de bicicletas le saluda y le ánima, “claro que me conoce, si es el que me prepara la bici con la que voy a competir”, dice entre risas. En nada, se acercan a Eurovosa, donde explica el lugar que van a poner el avituallamiento y donde se harán los giros para volver. Dando la vuelta, el redactor va notando el cansancio, pero Javi dice que le falta todavía un poco para terminar de calentar. El redactor se asombra, aunque el ritmo no es muy alto para su preparación física pero prefiere llevar una constancia cuando llegue la prueba de carrera. Antes pasará más de una hora en el agua y seis en la bicicleta y es normal que la prueba de carrera sea más constante.

Para llegar a este día, Javier Pérez se ha esforzado y sacrificado mucho. Sus entrenamientos pueden ser muy tempraneros o tardíos, pero se marca un par de horas diarias con un preparación intensiva durante seis días a la semana. Una buena alimentación y sobre todo ilusión hacen el resto. Es su primer triatlón de distancia Iron y espera que las fuerzas le acompañen, pero sabe perfectamente cómo hacerlo. Sus piernas han competido ya en varios medio Ironman en Jumilla, en Elche, varios medios maratones, Rutas de Las Fortalezas y un largo etcétera. Tiene la carrera estudiada y espera terminarla en menos de doce horas, un tiempo personal que se ha marcado él sin importarle la clasificación. “Las fuerzas que me falten me las darán los amigos y mi novia. Algunos cogerán la bicicleta para acompañarme parte del recorrido y eso anima mucho. Cuando hago otras pruebas es difícil porque están lejos”, añade.

A la vuelta Javier se siente cómodo, pero el redactor no tanto. Sube el ritmo ya que sabe perfectamente los kilómetros que quedan. No para de mirar su reloj y controlar tiempos y distancia, como buen triatleta. Pasan por la Isla de Ciervo, un lugar donde Javier dice que el viento puede jugar una mala pasada en esa zona y pronto enfilan el Hotel Cavanna, Las Sirenas y el ritmo lo sube más. El redactor se queda atrás y Javier aprieta hasta el Entremares, de una forma intensa como si se tratase de la carrera. Lo imagina y vislumbra la meta. En su cabeza no está el abandonar y quiere terminar su primer triatlón con la cabeza bien alta. Lo que sí es seguro que no estará solo.

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