Scotland Yard registra las oficinas de Selva Carmichael en La Manga

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El 18 de julio de 1997, Carmichael se autopresentó como el gran mecenas de La Manga con una espectacular fiesta en la discoteca Trip’s que él mismo remodeló para la ocasión
El 18 de julio de 1997, Carmichael se autopresentó como el gran mecenas de La Manga con una espectacular fiesta en la discoteca Trip’s que él mismo remodeló para la ocasión / JLD

Un lunes 4 de agosto de 1997 agentes del Scotland Yard y miembros de la Policía Judicial de Cartagena realizaron un registro en las oficinas que tenía el empresario británico-malayo Selva Carmichael en la plaza Bohemia para cerrar el círculo de acusaciones que ya se estaba elaborando contra él por estafa desde el Reino Unido.

Carmichael fue un pintoresco personaje aparecido en la vida social manguera durante los años noventa que revolucionó la zona con sus supuestos millones de libras y a la que muchos ingenuos lugareños se apuntaron con desmedido afán de lucro en la confianza de que este empresario, de cuarenta y seis años y sonrisa eterna, iba a ser un “segundo Tomás Maestre” para La Manga.

La prensa lo retrató años más tarde:

Selva Carmichael, de 46 años, derrochaba encanto. Era el lubricante de su labia. Bronceado de lancero bengalí, trajes a medida, cabellos teñidos de reflejos plateados y ojos de hipnotizador a juego con unas ojeras profundas de amante de la noche. No hipnotizaba a las cobras, sino a sus compatriotas, a los que vendía humo después de agasajarlos, llevárselos de juerga y, si se terciaba, emborracharlos hasta ese nivel de alcoholemia en que todos somos amigos para siempre. Friends forever. Con la resaca, los pardillos descubrían que habían invertido miles de libras en terrenos a orillas del Mar Menor con la promesa de unos dividendos del cien por cien transcurridos seis meses. Sólo que los terrenos no existían. Y al cabo de seis meses, ni imperio, ni libras, ni Carmichael.”

El reguero de deudas que dejó ascendió a casi ochocientos mil euros sin sumar la ingente cantidad de pequeñas deudas provocadas por su ostentosa vida social y que afectó tanto a los trabajadores que contrató para la Carmichael Corporation (empresa tapadera que usó en La Manga) como a la discoteca Trip’s, que remodeló y abrió con una fiesta fastuosa; el mismísimo hotel Villas La Manga, donde se hospedó en la suite más cara del complejo; o a los periodistas contratados para la creación del magazine semanal y trilingüe Buenos Días.

Su megalomanía, alimentada por toda una cohorte de aduladores, le llegó a anunciar en prensa la intención de construir un centro de salud “con su nombre” en el que iba a invertir más de veinte millones de euros o la puesta en marcha de un serio plan científico para acabar definitivamente con las medusas.

Años más tarde, en octubre de 2002, Carmichael fue condenado por la Justicia británica a cuatro años y medio de cárcel.

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