Urbincasa, Diego Zamora, el Club Costa Cálida y la moratoria urbanística de los ochenta

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Imagen de las vistas que se van a encontrar los futuros compradores de las viviendas proyectadas por Urbincasa en Playa Paraíso: unas salinas de Marchamalo completamente abandonadas y en ruinas / JLD

Urbincasa, la constructora que va a poner en marcha un complejo de 130 viviendas de segunda residencia a orillas del Mar Menor y a escasos metros de las Salinas de Marchamalo en un difícil momento para la laguna, es una empresa inmobiliaria con una larga tradición en Cartagena gracias a los estrechos vínculos que sus fundadores han mantenido siempre con el poder político de la ciudad.

En un artículo publicado por la revista Interviú, el 6 de enero de 1977, aparecía como máximo accionista de Urbincasa Diego Zamora Conesa, fundador y propietario de Licor 43, el mismo que se situó en 1973 como el cuarto comprador más importante de terrenos en La Manga realizados a Tomás Maestre Aznar con un montante global de 59.739.500 pesetas de la época, según consta en los registros contables de las hoy ya desaparecidas empresas del promotor y cuyos datos aparecen en el próximo trabajo de investigación, de inminente publicación, denominado “La Manga del Mar Menor. Su origen urbanístico. Principales proyectos y entramado societario” y que Diario de La Manga presentará en mayo.

Concretamente, Diego Zamora aparece tan solo tras Azarmenor S.A., que compró terrenos por valor de 72.282.000 pesetas; el propio Tomás Maestre, que “se compró” de 1967 a 1978, 69.275.500 pesetas en terrenos; y Urbanizadora Hispano Belga que, en 1966, había comprado para sus proyectos 60.011.000 pesetas de tierras en La Manga.

Y es que Diego Zamora estaba “muy bien relacionado”.

Durante la dictadura franquista fue concejal del Ayuntamiento de Cartagena siendo alcalde Federico Trillo Figueroa y Vázquez “destacado –indica Eugenio Martínez Pastor, autor del citado artículo- y pregonado miembro del Opus Dei”.

Durante su época de concejal, Zamora logró “a precios irrisorios” unos terrenos que en el Plan de Urbanismo de Cartagena de los años setenta estaba catalogado como “zona verde” y, por lo tanto, no edificable.

Sobre esa zona verde –señala Martínez Pastor- manda hacer un plan parcial y a toda prisa lo presenta en el Registro para que pueda ser aprobado en la sesión del día siguiente de la Comisión Municipal Permanente y, en poco más de veinticuatro horas, este proyecto recorre toda la trama municipal de informes y visados y es aprobado por el Pleno de la Corporación que expropia, en beneficio de unos señores particulares, uno de ellos concejal en ese momento, al pueblo de Cartagena de una zona verde que le concede el plan de urbanismo”.

Al parecer este estilo era tónica general en una época de opacidad y dificultades para conocer la verdad de lo que sucedía en los despachos.

Fundadora del Club Costa Cálida

En la década de los ochenta Urbincasa fue una de las fundadoras de la “Asociación de Promotores Turísticos Club Costa Cálida La Manga”, un grupo de presión nacido en 1988 ante las amenazantes medidas proteccionistas que el gabinete del socialista Carlos Collado quiso poner en marcha para intentar una protección efectiva del Mar Menor.

Fue la respuesta empresarial a la paralización de veinticinco licencias de construcción que Collado anunció dentro de una prevista moratoria urbanística en La Manga y publicada por la Consejería de Política Territorial el 12 de noviembre de 1987.

El Club reaccionó poniendo en marcha una agresiva estrategia empresarial: crearon un poderoso holding al objeto de lanzar una OPA (oferta pública de adquisición) contra todos los propietarios de terrenos a orillas del Mar Menor entre El Algar y Cabo de Palos para inflar aún más su poder en las futuras negociaciones con la Administración.

La idea, denominada “La Nueva Manga”, llegó a agrupar a más empresas interesadas en esta propuesta de expansión urbanística a través de toda la orilla marmenorense pero nunca llegó a materializarse ante la negativa del consejero de Turismo, Esteban Egea, a conceder más permisos de construcción de segundas residencias en toda la orilla del Arco Sur del Mar Menor.

Detalle de un antiguo informe del Club Costa Cálida donde aparecen las empresas que se beneficiaron del revés sufrido por Collado en los Tribunales. / JLD

Turismo -afirmó Egea en una entrevista publicada por el diario La Verdad el 30 de octubre de 1988- no está dispuesta a dar ningún informe favorable a la reconversión de los terrenos del proyecto de la Nueva Manga si ésta va encaminada a la construcción de segundas residencias… …ellos pueden comprar lo que quieran pero la zona a la que se refieren es suelo rústico y es ilegal construir“.

La presión contra el gabinete de Collado fue tanto judicial como política exigiéndole la dimisión del consejero de Política Territorial, José Salvador Fuentes Zorita, y pidiéndole que le redactaran “…un informe por escrito en plazo de quince días de las previsiones que tiene la Comunidad Autónoma con respecto a la recalificación del suelo de la Nueva Manga, es decir, desde La Unión y El Algar hasta Cabo de Palos“.

En caso –continúa el amenazante escrito– de no obtener soluciones satisfactorias se solicitará el cierre patronal del Sector de la Construcción de la Región“.

Al final el Club logró parcialmente sus objetivos disolviéndose inmediatamente después: la Sala de lo Contencioso Administrativo emitió una sentencia en 1989 donde anulaba la moratoria urbanística decretada por Collado contra esas licencias paralizadas, desbaratándose así uno de los primeros intentos de la Administración regional por poner límite a la vorágine constructora que se cernió sobre La Manga y costa sur del Mar Menor.

Por su parte, “La Nueva Manga” nunca llegó a materializarse y los propietarios de esos terrenos acabaron encontrando en la agricultura intensiva de regadío una forma de rentabilizar esos terrenos con las consecuencias que hoy en día todos conocemos hasta el día de hoy donde, al parecer, vuelve a estar la idea en los despachos de los mismos protagonistas.

5 Comentarios

  1. Cuanto bien nos hace a la mayoría de los mortales que aquí residimos estar informados de quienes cortan “el bacalao” desde tiempo inmemorial en nuestra zona litoral. Siempre son los mismos terratenientes los que deciden o los que “sugieren” a nuestros gobernantes lo que hacer. En todo caso esto es más de lo mismo: han pasado 25 años y seguimos pidiendo la moratoria urbanística que nunca llega.
    Sólo pensando en lo que mole de diez pisos en Playa Paraíso junto a las Salinas de Marchamalo que ya está proyectada veo claro que seguimos como antes y que hoy son los hijos de quienes hace un cuarto de siglo decidieron el futuro tan funesto que hoy “disfrutamos”, urbanísticamente hablando.

  2. Claro, por eso está el Mar Menor como está, por culpa de los regadíos de La Manga. Yo cada vez que voy a la Plaza Bohemia aparco en el poco espacio que queda entre los melones y las sandías. La Manga está que parece Almería de punta a punta.

    Por otro lado, la culpa de que se montasen esos regadíos intensivos (que es lo que tiene verde el Mar Menor) es de Diego Zamora por no hacer finalmente el plan urbanístico y hacer que los decepcionados compradores tuvieran que rentabilizar los terrenos, ya que antes de que él llegara estos terrenos no existían. O quizás fué el propio Zamora el que se lo metió en la cabeza.

    Quien sabe, habra que esperar a que el señor Domínguez extraiga más excremento antediluviano para enterarnos de la relación entre velocidad y tocino

    • Estoy en desacuerdo. El mar menor tiene mucho mas verde que los regadios. Casi podriamos decir que es verde entero.
      Por otra parte me ha parecido muy interesante y si veo una relación directisima entre los hechos que presenta y las consecuencias que hoy vemos.

      • La descomposición del. Mar Menor se puede achacar a la excesiva urbanización de su rivera y a la agricultura intensiva que se practica en la misma.

        Urbincasa no ha hecho mas de dos o tres promociones de viviendas en todo el arco del Mar Menor en sus más de 40 años de historia y el señor Zamora no sembró ni una lenteja en todo su contorno en los años de vida que tuvo.

        Así que esa relación directisima que ves es difícil de comprender.

  3. Vaya, era Dios, creó los terrenos de la nada. O los ganó a los humedales que rodeaban al Mar Menor (también de color verde, por cierto, no solo existe el verde lechuga y el verde melón) gracias a las recalificaciones. Quién sabe. Lo que está claro, es que el futuro sigue en manos de quienes lo tenían hace 40 años y con la misma conciencia ambiental

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