#nomascochesencalblanque

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banner opiniónUn Parque Natural no debe ser, por su propia definición, un lugar de atracción turística. Parque Natural y atracción turística son términos opuestos. Incluso incompatibles, salvo que lo segundo se supedite a lo primero.

Un Parque Natural es un pequeño espacio (con respecto al que hemos ocupado los humanos) donde se decidió que debían prevalecer ecosistemas vegetales y animales por encima de cualquier interés económico y/o social de la colectividad. Y para eso nos fuimos corriendo a la UE a pedir las mayores figuras de protección medioambiental para algunas zonas porque, para ecologistas, nosotros.

Es decir, el derecho al ciclo vital de la lagartija colirroja o del sapo corredor, por ejemplo, es en Calblanque infinitamente más importante que el derecho de un humano a disfrutar en esa zona de un domingo con cerveza, sombrilla y familia. Básicamente, porque para eso el humano ya tiene casi todas las playas de la Región. Y la lagartija colirroja, no.

Pero esta premisa fundamental parece que cuesta ser entendida por la clase política dirigente.

Y es entonces cuando la Administración (local y autonómica) pone en marcha la increíble capacidad que tienen para hacer lo opuesto a lo que se debe hacer diciendo que hacen lo que deben hacer.

Porque si quieren conservar el Parque Regional de Calblanque y destinarlo para el cometido original no tienen más que prohibir, totalmente, el tráfico rodado de vehículos a motor dejando tan solo acceso a quienes puedan tener derecho a ello por ser propietarios o legítimos usufructuarios de los terrenos.

De esa forma, como mucho, convertiríamos el Parque en un espacio para el turismo pedestre, senderista y/o ciclista. Un tipo de turismo mucho más respetuoso con el entorno que el del ruidoso dominguero con su cerveza, sombrilla y familia.

El problema es cuando a algún iluminati se le ocurrió que había que “poner en valor” Calblanque y mostrarlo al mundo con una joya turística de la Región. Y empezó su promoción en medios de comunicación, comprando premios nacionales (porque, amigos, estos premios “se compran” como se compran los reportajes en revistas internacionales para promocionar la Región) apareciendo como una de las mejores playas salvajes del país, etc.

El desastre se mascaba en el ambiente. Calblanque iba a dejar de ser aquello para lo que se creó para convertirlo “en otra cosa”. O, lo que es peor, en la misma cosa que ya es toda la costa cartagenera plagadita de cervezas, sombrillas y familias.

Imagen del Parque Natural de Calblanque un fin de semana cualquiera del verano pasado
Imagen del Parque Natural de Calblanque un fin de semana cualquiera del verano pasado / DLM

Pero el político es político porque es taimado, pícaro, astuto… Y en la mesa de algún despacho se planteó una delicada pregunta ¿Cómo podemos explotar Calblanque sin que se note mucho que queremos explotarlo?

Y en el brain storming a uno (el que sea) se le ocurrió una idea: promocionémoslo de forma que parezca que no lo estamos promocionando. Incluyámoslo en las líneas regulares de transporte colectivo pero vendámoslo diciendo que lo hacemos para “que vayan menos”… aunque vayan más. Hasta incluso podemos meter el gasto como subvención con cargo a la UE aunque se esté haciendo lo contrario al espíritu de la norma. Total, los europeos no se enteran.

Y cuando vayan tantos que provoquen tanto daño digamos que el dinero recaudado con los autobuses era para “mantener y conservar” el Parque Regional… que lo tenemos todo pensado. Aunque lo lógico para preservarlo hubiera sido no pensar tanto y prohibir los coches desde el principio.

Además, una vez la cosa se masifique, podremos justificar la presencia de algún que otro chiringuito para lo de las cervezas, sombrilla y familia; alguna que otra caseta de vigilancia para humanos, no se nos vaya a ahogar alguno; y, ya que estamos, asfaltar carreteras para que no se levante tanto polvo que mire usted cómo se ponen los coches… aunque digamos que es para que no se asfixie el chamaerops humilis, que es más mediático.

Y, con el devenir de los años, cuando Calblanque se convierta en un trozo más de costa lleno de mierda y humanos pues ya, si eso, lo desclasificamos como Parque Natural (no quedarán lagartijas colirrojas ni sapos corredores) y dejamos que los propietarios de terrenos construyan, como ya lo intentaron en los setenta y ochenta, una bonita urbanización “en el último rincón salvaje de Cartagena” a la que llamaremos, cómo no, “Urbanización Lagartija Colirroja”. En plan nostálgico, que de eso entendemos un rato.

Con un poco de suerte al que se le ocurrió la idea (el que sea), cuando toque urbanizar ya será director general de algo por «su buen hacer en el partido» y habremos, así, cerrado el círculo vicioso de la política patria con un increíble ejercicio de prestidigitación dialéctica destrozando una zona mientras decíamos que la estábamos cuidando.

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