CN Dos Mares: Unas pirámides invertidas y siempre el mar

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Fotografía de las dos "pirámides invertidas", obra de Bonet y, en primer término, dos ejemplares de las sillas BKF también diseñadas por el arquitecto / DLM

Unos de mis momentos preferidos de mi vida era acurrucarme cerca de mi padre y charlar, hablar, pero sobre todo, escuchar.

Era un privilegio ganado con silencios, con comentarios muy pensados, muy medidos, y llenos de complicidades.

Sabía que en esas pausas él estaba muy lejos, viendo unos mundos que yo no llegaba a ver, casi ni cuando me los explicaba. Todo era tan imaginativo que ahora, gracias a los mundos virtuales, creo entender lo que él veía. Y ni siquiera así.

Escuchar, ver sus manos dibujando en el vacío, formas y movimientos, como un dibujante del aire, era un placer y pocos cuentos o ciencia ficción me hacía falta.
Acurrucada en un BKF, oía sus palabras y trataba de visualizar lo que intentaba que yo comprendiera. Creo que mi presencia le hacía describirse y al hacerlo, ordenaba más sus ideas, y le creaba preguntas y soluciones.

En La Manga uno de nuestros sitios preferidos era la terraza del Club Náutico Dos Mares, su terraza, abierta al mar y con ese resguardo que nos daban las dos pirámides invertidas de hormigón. Aquí el me corregiría diciendo, “no son dos pirámides”. Pero para los no-arquitectos, siempre serán dos pirámides invertidas…..

Le afectaba tanto su entorno para pensar, la belleza de las cosas que siempre buscaba rincones hermosos para estar, ser y hablar. Huía de aquello que le molestaba estéticamente, le he visto llegar a hoteles y tapar con una sábana cuadros, he cambiado el recorrido en un trayecto en coche para no pasar por calles feas, me he cambiado de ropa por sus perfeccionismo “hay que ser muy elegante en la vida para llevar más de dos colores…” , mi madre tenía verdaderos problemas para comprar una vajilla bonita, unas toallas o un cenicero.

Años después, buscando yo unos ceniceros para mi propia casa, no encontraba ninguno que me gustar y recordé unos platos de bronce preciosos de mi madre y le pregunté “Son los platos de las balanzas antiguas que encontraba en Los Encantes”. Perfecto, imaginación al poder, la reutilización de todo, buscando la utilidad de objetos bellos y dándoles otro uso, hoy seria reciclaje……

Mi padre convirtió durante una época esa terraza del Náutico en su despacho y hacia venir a todo el mundo allí. Los citaba como si fuera su despacho, le poníamos unas mesas, buscábamos piedras para hacer de pisapapeles y que los planos no volaran, mesas auxiliares, para amontonar planos y más planos, memorias de materiales y hojas en blanco..que nunca usaba.

Siempre dibujaba por las esquinas de los papeles más insospechados, lo que más a mano tenia, tengo bocetos en tarjetas de boda, en esquinas de periódicos, en el envés de una entrada de cine, y alguno sigo intentando averiguar que es.

A Tomas Maestre esos inventos de Bonet no le gustaban mucho, creo, con todas las oficinas de las múltiples sociedades que tenía, pero creo que sabía que era mejor y trabajaba mejor en esos espacios abiertos y libres que en una sala “fea” y era un hombre muy inteligente y aceptaba esas “rarezas”, quejándose de la falta de aire acondicionado o del viento, pero sonriendo.

Allí pasaba desde Tomás a los electricistas, los carpinteros, ingenieros, y los amigos. Sin infraestructura de teléfonos, ni secretarias ni interrupciones.

Recuerdo que una vez, no había todas las sillas iguales y aparecieron dos modelos distintos y mi padre protestó muchísimo. No entendí aquel enfado, y ya solos, le pregunte por lo que había ocurrido… “En una reunión de trabajo, no se puede aceptar sillas o lugares diferentes, todos tenemos que estar en la misma posición, también física, eso es imprescindible como una base de igualdad”.

Me contó que un constructor muy importante lo reunió una vez en un despacho donde el sillón del empresario era más alto que le de los visitantes y él charló un rato, no aceptó el encargo y, en toda la reunión, no se sentó. Dio una excusa de salud, pero no se sentó y tubo muy claro que no trabajaría con él.. Como siempre, después he notado también esos trucos tan poco elegantes y educados en reuniones y despachos y también he sacado mis conclusiones.

No nos damos cuenta muchas veces de lo que los detalles que se convierten en muy importantes, en relevantes en las relaciones de trabajo, sociales o familiares. Mesas redondas o alargadas, sillones preparados solo para un miembro de la familia,
Así que los espacios donde habitamos nos definen, nos describen, nos ayudan o nos hunden.

Hemos llegado a definirlos como “espacios vitales”. Pensemos en lugares donde no sabemos porqué nos hemos sentido mal y si racionalizamos, analizamos, encontraremos unas razones muy objetivas y muy lógicas para nuestra incomodidad muy lejos de lo irracional y mucho más cerca de la razón objetiva.

Todo lo que nos rodea nos marca, para bien o para mal, no aceptemos jamás que se juegue con sensaciones que ahora sabemos son científicas, estudiadas, para que compremos, consumamos, no discutamos, o creamos en lo que no es. Ahora son ciencia estudiada. Así que ahora está en nuestras manos como sentirnos mejor. También en los detalles esta la perfección.

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