Femenino, plural

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En un semicírculo, unidas y ante un auditorio que era como un espejo. Entrelazadas por lazos filiales, de amistad, de lugar de origen, de cariño. Litoral en las venas y en las miradas mientras sobre los cristales caían gotas que limpiaban el paisaje y a su través el Mar Menor y sus Islas se miraban en un cielo de nubes surcado por tímidos haces de luz.
Había estacionado un poquito alejada del Hotel Roc Doblemar para caminar a pesar del viento. A fin de cuentas, me ha mecido desde pequeña.

Quería ver el Mediterráneo enfurecido para luego sumergirme en la calma de la laguna. Al entrar, el comedor era un gran acuario acristalado colorido y móvil. Encontré a Rosa, que me indicó la mesa donde me esperaban. Saludé a mamá, que estaba en otra, y a amigas de risas y conocimiento. Besos, abrazos.

Terminamos de comer y fuimos a tomar café previo paso por el tocador, lugar imprescindible para los lazos femeninos. En la cafetería el chico de la barra sonreía ante un torrente de estrógeno de diferentes edades solicitando servicio. Algunas nos escapamos para hacer fotos y llevarnos un trocito del ese lugar de ensueño. Volviendo ya hacia la mesa de experiencias vi a dos parejas de jubilados valencianos que signaban. No pude resistirme a presentarme y signar, maravillados como estaban de la zona y de encontrar a otra persona caída a saber de dónde, que comunicaba en su lengua. Y claro, llegué minutos tarde a lo mío.

Estíbaliz me dio paso y arranqué con mi intervención cuando el mundo del sonido pasó a ser el del silencio allí mismo entre dos mares, hacía 37 años. El vínculo.

Me siguió Ángeles con su sonrisa franca al hablar de su mar y sus frutos. Conchi leyó sus poemas y desgranó parte de su historia, María desglosó su lucha contra la enfermedad remando hacia la raya azul, con otro remo, Nerea puso su juventud y fuerza tan de raíz y María Rodríguez la suya a golpe de esfuerzo, pasión y paladas firmes. Aurora expuso con su saber y serenidad lo que había sumado y enriquecido a su vida este entorno. Y Paquita cerró como mujer luchadora, alegre y pionera, de las que marcan. Esti disfrutó presentado, observando y compartiendo. Más allá veía a Juana, África y Silvia, a Felipe, a Juli, Rosa, María José, mamá, tantas personas con las que tengo lazos.

¡Ah! Y allí estuvieron tres varones; un chico y dos adultos. Tres valientes en tierra acogedora, casi de tres generaciones distintas escuchando historias de mujeres que reconocían.

Así fue como en La Manga, con buena mar y viento favorable, pusimos rumbo hacia un horizonte de respeto e igualdad.

Celia Martínez Mora
Investigadora del IMIDA, activista en grupo de coordinación de Pacto por el Mar Menor desde su fundación. Colaboradora de artículos de opinión. Adora las letras, el medio natural y las personas auténticas. Defensora de la igualdad de oportunidades y la biodiversidad, ama el pensamiento y el conocimiento.

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