Pesquerías en el Mar Menor: cuando Rebollo Buigues inició la explotación de las encañizadas

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Detalle de los precios pactados entre Urmenor S.A. y Rebollo Buigues donde se estipulaban las especies capturadas. / DLM

El patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de San Pedro del Pinatar, Jesús Antonio Gómez, afirmaba en Comisión parlamentaria que el mal estado del Mar Menor estaba provocando una reducción en el número de capturas de especies tradicionales en la zona como el magre y la anguila.

“La cría de magre –afirmó- la veíamos durante todo el año, ha disminuido bastante el número de kilos, estamos detectando también una reducción en la producción de anguila en los últimos dos años”. Reconocía, además, las dificultades en las que se estaban encontrando para mantener el volumen de capturas del resto de especies, algunas de las cuales prácticamente han desaparecido.

Las únicas especies que están compensando esta reducción en la pesca del Mar Menor son el langostino y la dorada gracias, señala Gómez, al exceso de nutrientes que hay en la laguna.

Pero, ¿cómo estaba la laguna en materia de pesca al inicio del desarrollismo urbanístico de La Manga?

Podemos hacernos una idea gracias a los sucesivos contratos anuales que firmó Urmenor S.A. con José Rebollo Buigues para la explotación de la encañizada de Marchamalo (también llamada La Constancia) y cuya relación empresarial comenzó el 1 de junio de 1969.

Buigues firmó también otro contrato para la explotación de la encañizada de El Charco, en La Manga norte, en vigor hasta el 28 de febrero de 1972.

Según los contratos Buigues recibía la explotación de las encañizadas a cambio de entregar el 30% del pescado que aprese teniendo Urmenor derecho “…a escoger –señala el contrato- las variedades o especies de dicho pescado imputables al canon del 30% señalado”.

La empresa, además, se apropia íntegra y debidamente curada “toda la hueva de mújol que se produzca en la pesquería”.

“José Rebollo Buigues–continúa en otra cláusula- se compromete… a que [a las instalaciones] no tengan acceso más que los que estrictamente tengan relación directa con la explotación, y a no permitir que se celebren comidas o se den calderos a personas extrañas, y a no autorizar el paso a través del canal a otras embarcaciones que las que concreta y directamente sean objeto de la explotación de pesca”.

A la prohibición de hacer calderos y dejar pasar gente por el único canal de paso abierto en la zona sur se incluye la obligación de “abrirles y cerrarles el portillo de paso al canal sin limitación de veces, de personas y de horas” a aquellas personas que Urmenor autorice.

Y, pese a que se les facilita un almacén y habitación para los mozos del establecimiento de pesca en el Club Náutico colindante se les prohíbe, expresamente, “acceso a los locales del Club Náutico de La Manga, ni tendrá derecho a utilizar sus instalaciones, espacios, playas, servicios o dependencias” con excepción de los espacios arrendados.

El contrato, con una fianza de cien mil pesetas, se renovará anualmente comprometiéndose José Rebollo a “…utilizar el establecimiento de pesca y sus instalaciones con la diligencia propia de un buen padre de familia”.

Anterior a este contrato de arrendamiento, que se prorrogará anualmente, hay constancia de la explotación de la encañizada por Urmenor gracias a las cuotas que la empresa debía pagar a la Cofradía de Pescadores de San Pedro del Pinatar para la Mutualidad Nacional de Previsión Social de los Pescadores de Bajura.

Concretamente aparecen como contratados, en calidad de técnico, a Antonio Olmos López; y, como marineros, a los hermanos Antonio y José Devesa Ruiz y a Joaquín Esquiva Hernández.

En la relación de especies comercializadas en aquella época aparecen los langostinos, la dorada, el magre (gordo y chico), la pardeta y el galupe (de paranza y bol), la galúa, la liza, el lobarro, el lenguado, salmonete, chirrete, boquerón, palometa, sargo, espetón, chapa y anguila (roja y negra).

Como vemos la riqueza biológica (en volumen y especies) ha ido decreciendo de forma progresiva conforme la presión humana ha ido en aumento hasta llegar al lamentable estado en la que se encuentra actualmente.

(Toda esta información forma parte del nuevo trabajo de investigación histórica titulado “La Manga del Mar Menor, principales proyectos y estructura societaria” que será presentado en mayo).

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